sábado, 22 de diciembre de 2012

09. “Bienaventurados Sois Cuando Por Mi Causa Os Vituperen Y Os Persigan” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 11,12.  
Desde su caída, Satanás obró por medios engañosos. Así como calumnió a Dios, calumnia a sus hijos mediante sus agentes. El Salvador dice: "Los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí".* 

De igual manera caen sobre sus discípulos. Nadie, entre los hombres, fue calumniado más cruelmente que el Hijo del hombre. Se lo ridiculizó y escarneció a causa de su obediencia inalterable a los principios de la santa ley de Dios. Lo odiaron sin razón. Sin embargo, se mantuvo sereno delante de sus enemigos, declaró que el oprobio es parte de la heredad del cristiano y aconsejó  a sus seguidores que no temiesen las flechas de la malicia ni desfalleciesen bajo la persecución. 

Aunque la calumnia puede ennegrecer el nombre, no puede manchar el carácter. Este es guardado por Dios. Mientras no consintamos en pecar, no hay poder humano o satánico que pueda dejar una mancha en el alma. El hombre cuyo corazón se apoya en Dios es, en la hora de las pruebas más aflictivas y en las circunstancias más desalentadoras, exactamente el mismo que cuando se veía en la prosperidad, cuando parecía gozar de la luz y el favor de Dios. Sus palabras, sus motivos, sus hechos, pueden ser desfigurados y falseados, pero no le importa; para él están en juego otros intereses de mayor importancia. Como Moisés, se sostiene "como viendo al invisible", no mirando "las cosas que se ven, sino las que no se ven".* 

Cristo sabe todo lo que los hombres han entendido mal e interpretado erróneamente. Con buena razón, por aborrecidos y despreciados que se vean, sus hijos pueden esperar llenos de confianza y paciencia, porque no hay nada secreto que no se haya de manifestar, y los que honran a Dios serán honrados por él en presencia de los hombres y de los ángeles. "Cuando por mi causa os vituperen y os persigan -dijo Jesús-, gozaos y alegraos". Señaló a sus oyentes que los profetas que habían hablado en el nombre de Dios habían sido ejemplos "de aflicción y de paciencia". 

Abel, el primer cristiano entre los hijos de Adán, murió mártir. Enoc anduvo con Dios y el mundo no lo reconoció. Noé fue escarnecido como fanático y alarmista. "Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles". "Unos fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección".* 

En todo tiempo los mensajeros elegidos de Dios fueron víctimas de insultos y persecución; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelantar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en favor de la verdad. El  propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían. 

¡Cuán frecuentemente se ha visto este resultado en la historia de los mensajeros de Dios! Cuando apedrearon al elocuente y noble Estaban por instigación del Sanedrín, no hubo pérdida para la causa del Evangelio. La luz del cielo que glorificó su rostro, la compasión divina que se expresó en su última oración, llegaron a ser como una flecha aguda de convicción para el miembro intolerante del Sanedrín que lo observaba, y Saulo, el fariseo perseguidor, se transformó en el instrumento escogido para llevar el nombre de Cristo a los gentiles, a los reyes Y al pueblo de Israel. 

 Mucho después, el anciano Pablo escribió desde su prisión en Roma: "Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda. . . No sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones. . . No obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado". Gracias al encarcelamiento de Pablo, se diseminó el Evangelio y hubo almas que se salvaron para Cristo en el mismo palacio de los césares. Por los esfuerzos de Satanás para destruirla, la simiente "incorruptible" de la Palabra de Dios, la cual "vive y permanece para siempre"* se esparce en los corazones de los hombres; por el oprobio y la persecución que sufren sus hijos, el nombre de Cristo es engrandecido y se redimen las almas. Grande es la recompensa en los cielos para quienes testifican por Cristo en medio de la persecución y el vituperio. Mientras que los hombres buscan bienes transitorios, Jesús les indica un galardón celestial. No lo sitúa todo en la vida venidera sino que empieza aquí mismo. 

El Señor se manifestó a Abrahán, y le dijo: "Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande".* Este es el galardón de todos los que siguen a Cristo. Verse en armonía con  Jehová Emmanuel, "en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" y en quien "habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad", conocerlo, poseerlo, mientras el corazón se abre más y más para recibir sus atributos, saber lo que es su amor y su poder, poseer las riquezas inescrutables de Cristo, comprender mejor "cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura", y "conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios", "ésta es la herencia de los siervos del Señor, ésta es la justicia que deben esperar de mí, dice el Señor'.* 

La alegría llenaba los corazones de Pablo y Silas cuando oraban y entonaban alabanzas a Dios a medianoche en el calabozo de Filipos. Cristo estaba con ellos allí y la luz de su presencia disipaba la oscuridad con la gloria de los atrios celestiales. Desde Roma, Pablo escribió sin pensar en sus cadenas al ver cómo se difundía el Evangelio: "En esto me gozo, y me gozaré aún". Las mismas palabras de Cristo en el monte, resuenan en el mensaje de Pablo a la iglesia en sus persecuciones: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!"* 

Textos:
1) Salmos 69: 9.
2) Hebreos 11: 27; 2 Corintios 4: 18. 
3) Santiago 5: 10; Hebreos 11: 36,35.
4) Filipenses 1: 15 - 18; 1 San Pedro 1: 23.
5) Génesis 15: 1
6) Colosenses 2: 3, 9; Efesios 3: 18,19; Isaías 54: 17.
7) Filipenese 1: 18; 4: 4.
(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)

 

08. “Bienaventurados Los Que Padecen Persecución Por Causa De La Justicia, Porque De Ellos Es El Reino De Los Cielos” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 10
Jesús no ofrece a sus discípulos la esperanza de obtener gloria y riquezas mundanales ni vivir sin tribulaciones. Les presenta el privilegio de andar con su Maestro por senderos de abnegación y vituperio, porque el mundo no los conoce.

 El que vino a redimir al mundo perdido tuvo la oposición de las fuerzas unidas de los enemigos de Dios y del hombre. En una confederación despiadada, los hombres y los ángeles malos se alinearon en orden de batalla contra el Príncipe de paz. Aunque la compasión divina se notaba en cada una de sus palabras y acciones, su diferencia del mundo provocó una hostilidad amarguísima. Porque no daba licencia a la manifestación de las malas pasiones de nuestra naturaleza, excitó la más cruel oposición y enemistad. 

Así será con todos los que vivan piadosamente en Cristo Jesús. Entre la justicia y el pecado, el amor y el odio, la verdad y el engaño, hay una lucha imposible de suprimir. 

 Cuando se presentan el amor de Cristo y la belleza de su santidad, se le restan súbditos al reino de Satanás, y esto incita al príncipe del mal a resistir. La persecución y el oprobio esperan a quienes están dominados por el Espíritu de Cristo. 

 El carácter de la persecución cambia con el transcurso del tiempo, pero el principio o espíritu fundamental es el mismo que dio muerte a los elegidos de Dios desde los días de Abel. Siempre que el hombre procure ponerse en armonía con Dios, sabrá que la afrenta de la cruz no ha cesado. Principados, potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, todos se alistan contra los que consienten en obedecer la ley del cielo. Por eso, en vez de producirles pesar, la persecución debe llenar de alegría a los discípulos de Cristo; porque es prueba de que siguen los pasos de su Maestro. 

Aunque el Señor no prometió eximir a su pueblo de tribulación, le prometió algo mucho mejor. Le dijo: "Como tus días serán tus fuerzas". "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad".* 

Si somos llamados a entrar en el horno de fuego por amor de Jesús, él estará a nuestro lado, así como estuvo con los tres fieles en Babilonia. Los que aman a su Redentor se regocijarán por toda oportunidad de compartir con él la humillación y el oprobio. El amor que sienten hacia su Señor dulcifica el sufrimiento por su causa. 

En todas las edades, Satanás persiguió a los hijos de Dios. Los atormentó y ocasionó su muerte; pero al morir alcanzaron la victoria. En su fe constante se reveló Uno que es más poderoso que Satanás. Este podía torturar y matar el cuerpo, pero no podía tocar la vida escondida con Cristo en Dios. Podía encarcelar, pero no podía aherrojar el espíritu. Más allá de la lobreguez, podían ver la gloria y decir: "Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria"* 

 Por las pruebas y persecuciones se revela la gloria o carácter de Dios en sus elegidos.

 La iglesia de Dios, perseguida y aborrecida por el mundo, se educa y se disciplina en la escuela de Cristo. En la tierra, sus miembros transitan por sendas estrechas y se purifican en el horno de la aflicción. Siguen a Cristo a través de conflictos penosos; se niegan a sí mismos y sufren ásperas desilusiones; pero los dolores que experimentan les enseñan la culpabilidad y la desgracia del pecado, al que miran con aborrecimiento. Siendo participantes de los padecimientos de Cristo, están destinados a compartir también su gloria. 

En santa visión, el profeta vio el triunfo del pueblo de Dios. Dice: "Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia..., en pie sobre el mar de vidrio y con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos". "Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos".* 

Textos:
1)  Deuteronomio 33: 25; 2 Corintios 12: 9.
2) Romanos 8: 18; 2 Corintios 4. 17.
3) Apocalipsis 15: 2, 3; 7: 14, 15.


(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)


viernes, 30 de noviembre de 2012

07. “Bienaventurados Los Pacificadores, Porque Ellos Serán Llamados Hijos De Dios” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 9
Cristo es el "Príncipe de paz", y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado.
 "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo'.* 

Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo participará de esta paz celestial. No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo. Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz.

 Quienquiera que revele el amor de Cristo por la influencia inconsciente y silenciosa de una vida santa; quienquiera que incite a los demás, por palabra o por hechos, a renunciar al pecado y entregarse a Dios, es un pacificador. 

"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". El espíritu de paz es prueba de su relación con el cielo. El dulce sabor de Cristo los envuelve. La fragancia de la vida y la belleza del carácter revelan al mundo que son hijos de Dios. Sus semejantes reconocen que han estado con Jesús. "Todo aquel que ama, es nacido de Dios". "Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él", pero "todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios".* 
"El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres".* 

Textos:  
1) Isaías 9: 6; Romanos 5: 1.
2) 1 San Juan 4: 7; Romanos 8: 9, 14
3) Miqueas 5: 7.
(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)

06. "Bienaventurados Los De Limpio Corazón, Porque Ellos Verán A Dios" II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 8
Los judíos eran tan exigentes en lo relativo a la pureza ceremonial que sus reglas resultaban insoportables. Los preocupaban tanto las reglas, las restricciones y el temor de la contaminación externa que no percibían la mancha que el egoísmo y la malicia dejan en el alma. 

Jesús no menciona esta pureza ceremonial entre las condiciones para entrar en su reino; da énfasis a la pureza de corazón. La sabiduría que viene "de lo alto es primeramente pura".* En la ciudad de Dios no entrará nada que mancille. Todos los que morarán en ella habrán llegado aquí a ser puros de corazón. En el que vaya aprendiendo de Jesús se manifestará creciente repugnancia por los hábitos descuidados, el lenguaje vulgar y los pensamientos impuros. Cuando Cristo viva en el corazón, habrá limpieza y cultura en el pensamiento y en los modales. 

Pero las palabras de Cristo: "Bienaventurados los de limpio corazón", tienen un significado mucho más profundo. No se refieren únicamente a los que son puros según el concepto del mundo, es decir, están exentos de sensualidad y concupiscencia, sino a los que son fieles en los pensamientos y motivos del alma, libres del orgullo y del amor propio; humildes, generosos y como niños. Solamente se puede apreciar aquello con que se tiene afinidad. No podemos conocer a Dios a menos que aceptemos en nuestra propia vida el principio del amor desinteresado, que es el principio fundamental de su carácter.

 El corazón engañado por Satanás considera a Dios como un tirano implacable; las inclinaciones egoístas de la humanidad, y aun las de Satanás mismo, se atribuyen al Creador amante. "Pensabas -dijo él- que de cierto sería yo como  tú". Sus providencias se interpretan como expresión de una naturaleza despótico y vengativa. Así también ocurre con la Biblia, tesoro de las riquezas de su gracia. No se discierne la gloria de sus verdades, que son tan altas como el cielo y abarcan la eternidad. 

 Para la mayoría de los hombres, Cristo mismo es "como raíz de tierra seca", y lo ven "sin atractivo para une le deseemos". Cuando Jesús estaba entre los hombres, como revelación de Dios en la humanidad, los escribas y fariseos le preguntaron: "¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?"* Aun sus mismos discípulos estaban tan cegados por el egoísmo de sus corazones que tardaron en comprender que había venido a mostrarles el amor del Padre. Por eso Jesús vivió en la soledad en medio de los hombres. Sólo en el cielo se lo comprendía plenamente. 

Cuando Cristo venga en su gloria, los pecadores no podrán mirarlo. La luz de su presencia, que es vida para quienes lo aman, es muerte para los impíos. La esperanza de su venida es para ellos "una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego".* Cuando aparezca, rogarán que se los esconda de la vista de Aquel que murió para redimirlos. Sin embargo, para los corazones que han sido purificados por el Espíritu Santo al morar éste en ellos, todo queda cambiado. Ellos pueden conocer a Dios. Moisés estaba oculto en la hendedura de la roca cuando se le reveló la gloria del Señor; del mismo modo, tan sólo cuando estamos escondidos en Cristo vemos el amor de Dios. "El que ama la limpieza de corazón, por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey".* 

Por la fe lo contemplamos aquí y ahora. En las experiencias diarias percibimos su bondad y compasión al manifestarse su providencia. Lo reconocernos en el carácter de su Hijo. El Espíritu Santo abre a la mente y al corazón la verdad acerca de Dios y de Aquel a quien envió. Los de puro corazón ven a Dios en un aspecto nuevo y atractivo, como su Redentor; mientras disciernen la pureza y hermosura de su carácter, anhelan reflejar su imagen. Para ellos es un Padre que anhela abrazar a un hijo arrepentido; y sus corazones rebosan de alegría indecible y de gloria plena. Los de corazón puro perciben al Creador en las obras de su mano poderosa, en las obras de belleza que componen el universo. En su Palabra escrita ven con mayor claridad aún la revelación de su misericordia, su bondad y su gracia. 

Las verdades escondidas a los sabios y los prudentes se revelan a los niños. La hermosura y el encanto de la verdad que no disciernen los sabios del mundo se presentan constantemente a quienes, movidos por un espíritu sencillo como el de un niño, desean conocer y cumplir la voluntad de Dios. Discernimos la verdad cuando llegamos a participar de la naturaleza divina. Los de limpio corazón viven como en la presencia de Dios durante los días que él les concede aquí en la tierra y lo verán cara a cara en el estado futuro e inmortal, así como Adán cuando andaba y hablaba con él en el Edén. "Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara'.* 

Textos:
1) Santiago 3: 17.
2) Salmos 50: 21; Isaías 53: 2; San Juan 8: 48.
3) Hebreos 10: 27.
4) Proverbios 22: 11.
5)  1Corintios 13: 12.
(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)

jueves, 29 de noviembre de 2012

05. “Bienaventurados Los Misericordiosos, Porque Ellos Alcanzarán Misericordia” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 7
El corazón del hombre es por naturaleza frío, sombrío y sin amor. Siempre que alguien manifieste un espíritu de misericordia o de perdón, no se debe a un impulso propio, sino al influjo del Espíritu divino que lo conmueve.

 "Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero".* 
Dios mismo es la fuente de toda misericordia. Se llama "misericordioso, y piadoso". No nos trata según lo merecemos. No nos pregunta si somos dignos de su amor; simplemente derrama sobre nosotros las riquezas de su amor para hacernos dignos. No es vengativo. No quiere castigar, sino redimir. Aun la severidad que se ve en sus providencias se manifiesta para salvar a los descarriados. Ansía intensamente aliviar los pesares del hombre y ungir sus heridas con su bálsamo. Es verdad que "de ningún modo tendrá por inocente al malvado",* pero quiere quitarle su culpabilidad. 

Los misericordiosos son "participantes de la naturaleza divina", y en ellos se expresa el amor compasivo de Dios. Todos aquellos cuyos corazones estén en armonía con el corazón de Amor infinito procurarán salvar y no condenar. Cristo en el alma es una fuente que jamás se agota. Donde mora él, sobreabundan las obras de bien. Al oír la súplica de los errantes, los tentados, de las míseras víctimas de la necesidad y el pecado, el cristiano no  pregunta: ¿Son dignos?, sino: ¿Cómo puedo ayudarlos? Aun en la persona de los más cuitados y degradados ve almas por cuya salvación murió Cristo, y por quienes confió a sus hijos el ministerio de la reconciliación. 

Los misericordiosos son aquellos que manifiestan compasión para con los pobres, los dolientes y los oprimidos. 

Dijo Job: "Yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda yo daba alegría. Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia".* 

Para muchos, la vida es una lucha dolorosa; se 
sienten deficientes, desgraciados y descreídos: piensan que no tienen nada que agradecer. Las palabras de bondad, las miradas de simpatía, las expresiones de gratitud, serían para muchos que luchan solos como un vaso de agua fría para un alma sedienta. 

 Una palabra de simpatía, un acto de bondad, alzaría la carga que doblega los hombros cansados. Cada palabra y obra de bondad abnegada es una expresión del amor que Cristo sintió por la humanidad perdida. Los misericordiosos "alcanzarán misericordia". "El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado".  

Hay dulce paz para el espíritu compasivo, una bendita satisfacción en la vida de servicio desinteresado por el bienestar ajeno. El Espíritu Santo que mora en el alma y se manifiesta en la vida ablandará los corazones endurecidos y despertará en ellos simpatía y ternura. Lo que sembremos, eso segaremos. 

"Bienaventurado el que piensa en el pobre... Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad".* 

El que ha entregado su vida a Dios para socorrer a los hijos de él se une a Aquel que dispone de todos los recursos del universo. Su vida queda ligada a la vida de Dios por la áurea cadena de promesas inmutables. El Señor no lo abandonará en la hora de aflicción o de necesidad. "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús".* 
Y en la hora de necesidad final, los compasivos se refugiarán en la misericordia del clemente Salvador y serán recibidos en las moradas eternas. 

Textos:
1) 1 San Juan 4: 19.
2) Exodo 34: 6, 7.
3) Job 29: 12 - 16.
4) Proverbios 11: 25;  41: 1 - 3.
5) Filipenses 4: 19.

(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)

sábado, 24 de noviembre de 2012

04. “Bienaventurados Los Que Tienen Hambre Y Sed De Justicia, Porque Ellos Serán Hartos” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 6
La justicia es santidad, semejanza a Dios; y "Dios es amor". Es conformidad a la ley de Dios, "porque todos tus mandamientos son justicia" y "el amor pues es el cumplimiento de la ley".* La justicia es amor, y el amor es la luz y la vida de Dios. La justicia de Dios está personificada en Cristo. Al recibirlo, recibimos la justicia. No se obtiene la justicia por conflictos penosos, ni por rudo trabajo, ni aun por dones o sacrificios; es concedida gratuitamente a toda alma que tiene hambre y sed de recibirla.  "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed... sin dinero y sin precio". "Su justicia es de mí, dice Jehová". "Este será su nombre con el cual le llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA".* 

No hay agente humano que pueda proporcionar lo que satisfaga el hambre y la sed del alma. Pero dice Jesús: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás".* Así como necesitamos alimentos para sostener nuestras fuerzas físicas, también necesitamos a Cristo, el pan del cielo, para mantener la vida espiritual y para obtener energía con que hacer las obras de Dios. Y de la misma manera como el cuerpo recibe constantemente el alimento que sostiene la vida y el vigor, así el alma debe comunicarse sin cesar con Cristo, sometiéndose a él y dependiendo enteramente de él. Al modo como el viajero fatigado que, hallando en el desierto la buscada fuente, apaga su sed abrasadora, el cristiano buscará Y obtendrá el agua pura de la vida, cuyo manantial es Cristo.

 Al percibir la perfección del carácter de nuestro Salvador, desearemos transformarnos renovarnos completamente a semejanza de su pureza. Cuanto más sepamos de Dios, tanto más alto será nuestro ideal del carácter, y tanto más ansiaremos reflejar su imagen. Un elemento divino se une con lo humano cuando el alma busca a Dios y el corazón anheloso puede decir: "Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza".* 

Si en nuestra alma sentimos necesidad, si tenemos hambre y sed de justicia, ello es una indicación de que Cristo influyó en nuestro corazón para que le pidamos que haga, por intermedio del Espíritu Santo, lo que nos es imposible a nosotros. Si ascendemos un poco más en el sendero de la fe, no necesitamos apagar la sed en riachuelos superficiales; porque tan sólo un poco más arriba de nosotros se encuentra el  gran manantial de cuyas aguas abundantes podemos beber libremente. 

Las palabras de Dios son las fuentes de la vida. Mientras buscamos estas fuentes vivas, el Espíritu Santo nos pondrá en comunión con Cristo. Verdades ya conocidas se presentarán a nuestra mente con nuevo aspecto; ciertos pasajes de las Escrituras revestirán nuevo significado, como iluminados por un relámpago; comprenderemos la relación entre otras verdades y la obra de redención, y sabremos que Cristo nos está guiando, que un Instructor divino está a nuestro lado. Dijo Jesús: "El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna".* 

Cuando el Espíritu Santo nos revele la verdad, atesoraremos las experiencias más preciosas y desearemos hablar a otras personas de las enseñanzas consoladoras que se nos han revelado. Al tratar con ellas, les comunicaremos un pensamiento nuevo acerca del carácter o la obra de Cristo. Tendremos nuevas revelaciones del amor compasivo de Dios, y las impartiremos a los que lo aman y a los que no lo aman. "Dad, y se os dará", porque la Palabra de Dios es una "fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano". 

El corazón que probó el amor de Cristo, anhela incesantemente beber de él con más abundancia, y mientras lo impartimos a otros, lo recibiremos en medida más rica y copiosa. Cada revelación de Dios al alma aumenta la capacidad de saber y de amar. El clamor continuo del corazón es: "Más de ti", y a él responde siempre el Espíritu: "Mucho más". Dios se deleita en hacer "mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos". A Jesús, quien se entregó por entero para la salvación de la humanidad perdida, se le dio sin medida el Espíritu Santo. Así será dado también a cada seguidor de Cristo siempre que le entregue su corazón como morada. Nuestro Señor mismo nos ordenó: "Sed llenos de Espíritu", y este mandamiento es también una promesa de su cumplimiento. 

 Era la voluntad del Padre que en Cristo "habitase toda la plenitud"; y "vosotros estáis completos en él".*  Dios derramó su amor sin reserva algunas como las lluvias que refrescan la tierra. Dice él: "Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente". "Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca". "Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia".* 

Textos.
1) 1 San Juan 4: 16; Salmos 119: 172; Romanos 13: 10.
2) Isaías 55: 1; 54: 17; Jeremías 23: 6.
3) Apocalipis 3: 20; San Juan 6: 35;
4) Salmos 62: 5.
5) San Juan 4: 14.
6) San Lucas 6: 38; Cantares 4: 15; Romanos 5: 9, 10;  Efesios 3: 20; 5: 18; Colosenses 1:19; 2: 10.
7) Isaías 45: 8; 41: 17, 18; San Juan 1: 16.
(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)

viernes, 23 de noviembre de 2012

03. “Bienaventurados Los Mansos” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 5 
A través de las bienaventuranzas se nota el progreso de la experiencia cristiana. Los que sintieron su necesidad de Cristo, los que lloraban por causa del pecado y aprendieron de Cristo en la escuela de la aflicción, adquirirán mansedumbre del Maestro divino. 

El conservarse paciente y amable al ser maltratado no era característica digna, de aprecio entre los gentiles o entre los judíos. La declaración que hizo Moisés por inspiración del Espíritu Santo, de que fue el hombre más manso de la tierra, no habría sido considerada como un elogio entre las gentes de su tiempo; más bien habría excitado su compasión o su desprecio. Pero Jesús incluye la mansedumbre entre los requisitos principales para entrar en su reino. 

En su vida y carácter se reveló la belleza divina de esta gracia preciosa. Jesús, resplandor de la gloria de su Padre, "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo".* 
 Consintió en pasar por todas las experiencias humildes de la vida y en andar entre los hijos de los hombres, no como, un rey que exigiera homenaje, sino como quien tenía por misión servir a los demás. No había en su conducta mancha de fanatismo intolerante ni austeridad indiferente. 

El Redentor del mundo era de una naturaleza muy superior a la de un ángel, pero unidas a su majestad divina, había mansedumbre y pero unidas a su majestad divina, había mansedumbre y humildad que atraían a todos a él. Jesús se vació a sí mismo, y en todo lo que hizo jamás se manifestó el yo. Todo lo sometió a la voluntad de su Padre. Al acercarse el final de su misión en la tierra, pudo decir: "Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que mediste que hiciese". Y nos ordena: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón". "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo";* renuncie a todo sentimiento de egoísmo para que éste no tenga más dominio sobre el alma. 

Quien contemple a Cristo en su abnegación y en su humildad de 
corazón, no podrá menos que decir como Daniel: "Mi fuerza se 
cambió en desfallecimiento".* 

El espíritu de independencia y predominio de que nos gloriamos se revela en su verdadera vileza, como marca de nuestra sujeción a Satanás. La naturaleza humana pugna siempre por expresarse; está siempre lista para luchar. Mas el que aprende de Cristo renuncia al yo, al orgullo, al amor por la supremacía, y hay silencio en su alma. El yo se somete a la voluntad del Espíritu Santo. No ansiaremos entonces ocupar el lugar más elevado. No pretenderemos destacarnos ni abrirnos paso por la fuerza, sino que sentiremos que nuestro más alto lugar está a los pies de nuestro Salvador. Miraremos a Jesús, aguardaremos que su mano nos guíe y escucharemos su voz que nos dirige. 

 El apóstol Pablo experimentó esto y dijo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí".* 

Cuando recibimos a Cristo como huésped permanente en el alma, la paz de Dios que sobrepuja a todo entendimiento guardará nuestro espíritu y nuestro corazón por medio de Cristo Jesús. La vida terrenal del Salvador, aunque  transcurrió en medio de conflictos, era una vida de paz. Aun cuando lo acosaban constantemente enemigos airados, dijo: "El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada". Ninguna tempestad de la ira humana o satánica podía perturbar la calma de esta comunión perfecta con Dios. Y él nos dice: "La paz os dejo, mi paz os doy". "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso".* 

Llevad conmigo el yugo de servicio para gloria de Dios y elevación de la humanidad, 
y veréis que es fácil el yugo y ligera la carga. 

Es el amor a uno mismo lo que destruye nuestra paz. Mientras viva el yo, estaremos siempre dispuestos a protegerlo contra los insultos y la mortificación; pero cuando hayamos muerto al yo y nuestra vida esté escondida con Cristo en Dios, no tomaremos a pecho los desdenes y desaires. Seremos sordos a los vituperios y ciegos al escarnio y al ultraje. "El amor es sufrido y benigno; él amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se ensoberbece, no se porta indecorosamente, no busca lo suyo propio, no se irrita, no hace caso de un agravio; no se regocija en la injusticia, más se regocija con la verdad: todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca se acaba".*

 La felicidad derivada de fuentes mundanales es tan mudable como la pueden hacer las circunstancias variables; pero la paz de Cristo es constante, permanente. No depende de las circunstancias de la vida, ni de la cantidad de bienes materiales ni del número de amigos que se tenga en esta tierra. Cristo es la fuente de agua viva, y la felicidad que proviene de él no puede agotarse jamás.

 La mansedumbre de Cristo manifestada en el hogar hará felices a los miembros de la familia; no incita a los altercados, no responde con ira, sino que calma el mal humor y difunde una amabilidad que sienten todos los que están dentro de su círculo encantado. Dondequiera que se la abrigue, hace de las familias de la tierra una parte de la gran familia celestial. Mucho mejor sería para nosotros sufrir bajo una falsa acusación que infligirnos la tortura de vengarnos de nuestros enemigos. El espíritu de odio y venganza tuvo su origen en Satanás, y sólo puede reportar mal a quien lo abrigue. La humildad del corazón, esa mansedumbre resultante de vivir en Cristo, es el verdadero secreto de la bendición. 

 "Hermoseará a los humildes con la salvación".* Los mansos "recibirán la tierra por heredad". Por el deseo de exaltación propia entró el pecado en el mundo, y nuestros primeros padres perdieron el dominio sobre esta hermosa tierra, su reino. Por la abnegación, Cristo redime lo que se había perdido. Y nos dice que debemos vencer como él venció.* Por la humildad y la sumisión del yo podemos llegar a ser coherederos con él cuando los mansos "heredarán la tierra".* La tierra prometida a los mansos no será igual a ésta, que está bajo la sombra de la muerte y de la maldición. "Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva en los cuales mora la justicia". "Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán".* No habrá contratiempo, ni dolor, ni pecado; no habrá quien diga: Estoy enfermo". No habrá entierros, ni luto, ni muerte, ni despedidas, ni corazones quebrantados; mas Jesús estará allá, y habrá paz. "No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas".* 

Textos:
1) Filipenses 2: 6, 7.
2) San Juan 17: 4; San Mateo 11: 29; 16: 24.
3) Daniel 10: 8.
4) Gálatas 2: 20.
5) San Juan 8: 29; 14: 27; San Mateo 11: 29.
6) 1Corintios 13: 4 - 8.
7) Salmos 149: 4.
8) Apocalipsis 3: 21.
9) Salmos 37: 11.
10) 2 San Pedro 3: 13; Apocalipsis 22: 3.
11) Isaías 49: 10.
(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)

02. “Bienaventurados Los Que Lloran, Porque Ellos Recibirán Consolación” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5: 4
El llanto al que se alude aquí es la verdadera tristeza de corazón por haber pecado. 
Dice Jesús: "y yo, si fuere levantado de la tierras a todos atraeré a mí mismo".* A medida que una persona se siente persuadida a mirar a Cristo levantado en la cruz, percibe la pecaminosidad del ser humano. Comprende que es el pecado lo que azotó y Crucificó al Señor de la gloria. Reconoce que aunque se lo amó con cariño indecible, su vida ha sido un espectáculo continuo de ingratitud y rebelión Abandonó a su mejor Amigo y abusó del don más precioso del cielo. El mismo crucificó nuevamente al Hijo de Dios y traspasó otra vez su corazón sangrante y agobiado. Lo separa de Dios un abismo ancho, negro y hondo, y llora con corazón quebrantado. Ese llanto recibirá "consolación". 

Dios nos revela nuestra culpabilidad para que nos refugiemos en Cristo y para que por él seamos librados de la esclavitud del pecado, a fin de que nos regocijemos en: la libertad de los hijos de Dios. Con verdadera contrición, podemos llegar al pie de la cruz y depositar allí nuestras cargas. Hay también en las palabras del Salvador un mensaje de consuelo para los que sufren aflicción o la pérdida de un ser querido. Nuestras tristezas no brotan de la tierra. Dios "no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres". Cuando él permite que suframos pruebas y aflicciones, es "para lo que nos es provechosos para que participemos de su santidad".* Si la recibimos con fe, la prueba que parece tan amarga y difícil de soportar resultará una bendición. El golpe cruel que marchita los gozos terrenales nos hará dirigir los ojos al cielo. 

¡Cuántos son los que nunca habrían conocido a Jesús si la tristeza no los hubiera movido a buscar consuelo en él! Las pruebas de la vida son los instrumentos de Dios para eliminar de nuestro carácter toda impureza y tosquedad. Mientras nos labran, escuadran, cincelan, pulen y bruñen, el proceso resulta penoso, y es duro ser oprimido contra la muela de esmeril. Pero la piedra sale preparada para ocupar su lugar en el templo celestial. 

El Señor no ejecuta trabajo tan consumado y cuidadoso en material inútil. Únicamente sus piedras preciosas se labran a manera de las de un palacio. El Señor obrará para cuantos depositen su confianza en él. Los fieles ganarán victorias preciosas, aprenderán lecciones de gran valor y tendrán experiencias de gran provecho. Nuestro Padre celestial no se olvida de los angustiados. 

Cuando David subió al monte de los Olivos, "llorando, llevando la cabeza cubierta, y los pies descalzos"*, el Señor lo miró compasivamente. David iba vestido de cilicio, y la conciencia lo atormentaba. Demostraba su contrición por las señales visibles de la humillación que se imponía. Con lágrimas y corazón quebrantado presentó su caso a Dios, y el Señor no abandonó a su siervo. Jamás estuvo David tan cerca del amor infinito como cuando, hostigado por la conciencia, huyó de sus enemigos, incitados a rebelión por su propio hijo. 

Dice el Señor: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete".* Cristo levanta el corazón contrito y refina el alma que llora hasta hacer de ella su morada. Mas cuando nos llega la tribulación, ¡cuántos somos los que pensamos como Jacob! Imaginamos que es la mano de un enemigo y luchamos a ciegas en la oscuridad, hasta que se nos agota la fuerza, y no logramos consuelo ni rescate. El toque divino al rayar el día fue lo que reveló a Jacob con quién estaba luchando: el Ángel del pacto. Lloroso e impotente, se refugió en el seno del Amor infinito para recibir la bendición que su alma anhelaba. 

Nosotros también necesitamos aprender que las pruebas implican beneficios y que no debemos menospreciar el castigo del Señor ni desmayar cuando él nos reprende. "Bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga...  Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará mal".* 

A todos los afligidos viene Jesús con el ministerio de curación. El duelo, el dolor y la aflicción pueden iluminarse con revelaciones preciosas de su presencia. Dios no desea que quedemos abrumados de tristeza, con el corazón angustiado y quebrantado. Quiere que alcemos los ojos y veamos su rostro amante. El bendito Salvador está cerca de muchos cuyos ojos están tan llenos de lágrimas que no pueden percibirlo. 

Anhela estrechar nuestra mano; desea que lo miremos con fe sencilla y que le permitamos que nos guíe. Su corazón conoce nuestras pesadumbres, aflicciones y pruebas. Nos ha amado con un amor sempiterno y nos ha rodeado de misericordia. Podemos apoyar el corazón en él y meditar a todas horas en su bondad. El elevará el alma más allá de la tristeza y perplejidad cotidianas, hasta un reino de paz. Pensad en esto, hijos de las penas y del sufrimiento, y regocijaos en la esperanza. "Esta es la victoria que vence al mundo.., nuestra fe".* 

Bienaventurados también los que con Jesús lloran llenos de compasión por las tristezas del mundo y se afligen por los pecados que se cometen en él y, al llorar, no piensan en sí mismos. Jesús fue Varón de dolores, y su corazón sufrió una angustia indecible. Su espíritu fue desgarrado y abrumado por las transgresiones de los hombres. Trabajó con celo consumidor para aliviar las necesidades y los pesares de la humanidad, y se le agobió el corazón al ver que las multitudes se negaban a venir a él para obtener la vida. 

Todos los que siguen a Cristo, y compartirán también la gloria que será revelada. Estuvieron unidos con él en su obra, apuraron con él la copa del dolor, y participan también de su regocijo. Por medio del sufrimiento, Jesús se preparó para el  ministerio de consolación. Fue afligido por toda angustia de la humanidad, y "en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados".* 

Quien haya participado de esta comunión de sus padecimientos tiene el privilegio de participar, también de su ministerio. "Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación". El Señor tiene gracia especial para los que lloran, y hay en ella poder para enternecer los corazones y ganar a las almas. Su amor se abre paso en el alma herida y afligida, y se convierte en bálsamo curativo para cuantos lloran. El "Padre de misericordias y Dios de toda consolación..., nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios".* 

Textos:
1) San Juan 12: 32.
2) Lamentaciones 3: 33; Hebreos 12: 10.
3) 2 Samuel 15: 30. 
4) Apocalipsis 3: 19.
5) Job 5: 17 - 19.
6) 1 San Juan 5: 4.
7) Hebreos 2: 18; Isaías 63: 9.
8) 2 Corintios 1: 3 - 5.

(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)


jueves, 22 de noviembre de 2012

01. “Bienaventurados Los Pobres En Espíritu” II. LAS BIENAVENTURANZAS/DMJ (EL SERMÓN DEL MONTE) EGW


Texto Base: San Mateo 5:3 
"Abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos". San Mateo 5:2,3.
ESTAS palabras resonaron en los oídos de la muchedumbre como algo desconocido y nuevo, Tal enseñanza era opuesta a cuanto habían oído del sacerdote o el rabino. En ella no podían notar nada que alentarse el orgullo ni estimulase sus esperanza ambiciosas, pero este nuevo Maestro poseía un poder que los dejaba atónitos. La dulzura del amor divino brotaba de su misma presencia como la fragancia de un flor. Sus palabras descendían "como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra".* 

Todos comprendían que estaban frente a Uno que leía los secretos del alma, aunque se acercaba a ellos con tierna compasión. Sus corazones se abrían a él, y mientras escuchaban, el Espíritu Santo les reveló algo del significado de la lección que tanto necesitó aprender la humanidad en todos los siglos. En tiempos de Cristo los dirigentes religiosos del pueblo se consideraban ricos en tesoros espirituales. La oración del fariseo: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres", 

expresaba el sentimiento de su clase y, en  gran parte, de la nación entera. Sin embargo, en la multitud que rodeaba a Jesús había algunos que sentían su pobreza espiritual. Cuando el poder divino de Cristo se reveló en la pesca milagrosa, Pedro se echó a los pies del Salvador, exclamando: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador"; así también en la muchedumbre congregada en el monte había individuos acerca de cada uno de los cuales se podía decir que, en presencia de la pureza de Cristo, se sentía "desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo". Anhelaban "la gracia de Dios, la cual trae salvación".* Las primeras palabras de Cristo despertaron ;esperanzas en estas almas, y ellas percibieron la bendición de Dios en su propia vida. A los que habían razonado: "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad", Jesús presentó la copa de bendición, mas rehusaron con desprecio el don que se les ofrecía tan generosamente. 

El que se cree sano, el que se considera razonablemente bueno y está satisfecho de su condición, no procura participar de la gracia y justicia de Cristo. El orgullo no siente necesidad y cierra la puerta del corazón para recibir a Cristo ni las bendiciones infinitas que él vino a dar. Jesús no encuentra albergue en el corazón de tal persona. Los que en su propia opinión son ricos y honrados, no piden con fe la bendición de Dios ni la reciben. Se creen saciados, y por eso se retiran vacíos. Los que comprenden bien que les es imposible salvarse y que por sí mismos no pueden hacer ningún acto justo son los que aprecian: la ayuda que les ofrece Cristo. Estos son los pobres en espíritu, a quienes él llama bienaventurados.

 Primeramente, Cristo produce contrición en quien perdona, y es obra del Espíritu Santo pecado. Aquellos cuyos corazones el convincente Espíritu de Dios reconocen que en sí mismos no tienen ninguna cosa buena han hecho está entretejido con egoísmo y pecado. Así como el publicano, se detienen a la distancia sin atreverse a alzar los ojos al cielo, y claman: "Dios, sé propicio a mí, pecador". Ellos reciben la bendición. Hay perdón para los arrepentidos, porque Cristo es "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Esta es la promesa de Dios: "Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana". "Os daré corazón nuevo... Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu".* Refiriéndose a los pobres de espíritu, Jesús dice: "De ellos es el reino de Dios". Dicho reino no es, como habían esperado los oyentes de Cristo, un gobierno temporal y terrenal. Cristo abría ante los hombres las puertas del reino espiritual de su amor, su gracia y su justicia. 

El estandarte del reino del Mesías se diferencia de otras enseñas, porque nos revela la semejanza espiritual del Hijo del hombre. Sus súbditos son los pobres de espíritu, los mansos y los que padecen persecución por causa de la justicia. De ellos es el reino de los cielos. Si bien aún no ha terminado, en ellos se ha iniciado la obra que los hará "aptos para participar de la herencia de los santos en luz".* Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza recurriendo a Jesús. Dice él: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados".* 

Nos invita a cambiar nuestra pobreza por las riquezas de su gracia. No merecemos el amor de Dios, pero Cristo, nuestro fiador, es sobremanera digno y capaz de salvar a todos los que vengan a él. No importa cuál haya sido la experiencia del pasado ni cuán desalentadoras sean las circunstancias del presente, si acudimos a Cristo en nuestra condición actual -débiles, sin fuerza, desesperados-, nuestro compasivo Salvador saldrá a recibirnos mucho antes de que lleguemos, y nos rodeará con sus brazos amantes y con la capa de su propia justicia. Nos presentará a su Padre en las blancas vestiduras de su propio carácter. 
 El aboga por nosotros ante el Padre, diciendo: Me he puesto en el lugar del pecador. No mires a este hijo desobediente, sino a mí. Y cuando Satanás contiende fuertemente contra nuestras almas, acusándonos de pecado y alegando que somos su presa, la sangre de Cristo aboga con mayor poder. "Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia la fuerza...En Jehová será justificada y se gloriará toda la descendencia de Israel".* 

Textos:  
1) Salmo 72: 6;
2) San Lucas 18: 11; 5: 8; Apoc. 3: 17; Tito 2: 11.
3) Apoc. 3: 17; San Lucas 18: 13; San Juan 1: 29; Isaías 1: 28; Ezequiel 36: 26, 27.
4). Colosenses 1: 12.
5) San Mateo 11: 28.
6) Isaías 45: 24, 25.


(El Discurso Maestro De Jesucristo De Elena G. De White)