sábado, 8 de febrero de 2020

05. “RECONCÍLIATE PRIMERO CON TU HERMANO” III. LA ESPIRITUALIDAD DE LA LEY (EL SERMÓN DEL MONTE/DMJ) EGW


El amor de Dios es algo más que una simple negación; es un principio positivo y eficaz, una fuente viva que corre eternamente para beneficiar a otros.  Si el amor de Cristo mora en nosotros, no sólo no abrigaremos odio alguno hacia nuestros semejantes, sino que trataremos de manifestarles nuestro amor de toda manera posible.

Dice Jesús: "Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda", Las ofrendas de sacrificio expresaban que el dador creía que por Cristo había llegado a participar de la gracia del amor de Dios.  Pero el que expresara fe en el amor perdonador de Dios y al mismo tiempo cultivase un espíritu de animosidad, estaría tan sólo representando una farsa.

Cuando alguien que profesa servir a Dios perjudica a un hermano suyo, calumnia el carácter de Dios ante ese hermano, y para reconciliarse con Dios debe confesar el daño causado y reconocer su pecado.  Puede ser que nuestro hermano nos haya causado un perjuicio aún más grave que el que nosotros le produjimos, pero esto no disminuye nuestra responsabilidad.  Si cuando nos presentamos ante Dios recordamos que otra persona tiene algo contra nosotros, debemos dejar nuestra ofrenda de oración, gratitud o buena voluntad, e ir al hermano con quien discrepamos y confesar humildemente nuestro pecado y pedir perdón.

Si hemos defraudado o perjudicado en algo a nuestro hermano, debemos repararlo.  Si hemos dado falso testimonio sin saberlo, si hemos repetido equivocadamente sus palabras, si hemos afectado su influencia de cualquier manera que sea, debemos ir a las personas con quienes hemos hablado de él, y retractarnos de todos nuestros dichos perjudiciales.
Si las dificultades entre hermanos no se manifestaran a otros, sino que se resolvieran francamente entre ellos mismos, 54 con espíritu de amor cristiano, ¡cuánto mal se evitaría! ¡Cuántas raíces de amargura que contaminan a muchos quedarían destruidas, y con cuánta fuerza y ternura se unirían los seguidores de Cristo en su amor! DMJ

04. “CUALQUIERA QUE SE ENOJE CONTRA SU HERMANO, SERÁ CULPABLE DE JUICIO” III. LA ESPIRITUALIDAD DE LA LEY (EL SERMÓN DEL MONTE/DMJ) EGW


Mediante Moisés, Jehová había dicho: "No aborrecerás a tu hermano en tu corazón... No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo". * Levítico 19:17, 18.  Las verdades que Cristo presentaba eran las mismas que habían enseñado los profetas, pero se habían oscurecido a causa de la dureza de los corazones y del amor al pecado.

Las palabras del Salvador revelaban a sus oyentes que, al condenar a otros como transgresores, ellos eran igualmente culpables, porque abrigaban malicia y odio.

Al otro lado del mar, frente al lugar en que estaban congregados, se extendía la tierra de Basán, una región solitaria cuyos empinados desfiladeros y colinas boscosas eran desde mucho tiempo antes el escondite favorito de toda clase de criminales.  La gente recordaba vívidamente las noticias de robos y asesinatos cometidos allí, y muchos denunciaban severamente a esos malhechores.  Al mismo tiempo ellos mismos eran arrebatados y contenciosos; albergaban el odio más ciego hacia sus opresores romanos y se creían autorizados para aborrecer y despreciar a todos los demás pueblos, aun a sus compatriotas que no se conformaban a sus ideas en todas las cosas.  En todo esto violaban la ley que ordena: "No matarás".

El espíritu de odio y de venganza tuvo origen en Satanás, y lo llevó a dar muerte al Hijo de Dios.  Quienquiera que abrigue malicia u odio, abriga el mismo espíritu; y su fruto será la muerte.  En el pensamiento vengativo yace latente la mala acción, así como la planta yace en la semilla.  "Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él". *1 Juan 3:15.

"Cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable 52 ante el concilio".  En la dádiva de su Hijo para nuestra redención, Dios demostró cuánto valor atribuye a toda alma humana, y a nadie autoriza para hablar desdeñosamente de su semejante.  Veremos defectos y debilidades en los que nos rodean, pero Dios reclama cada alma como su propiedad, por derecho de creación, y dos veces suya por haberla comprado con la sangre preciosa de Cristo.  Todos fueron creados a su imagen, y debemos tratar aun a los más degradados con respeto y ternura.  Dios nos hará responsables hasta de una sola palabra despectiva hacia un alma por la cual Cristo dio su vida.
"¿Quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido?  Y si lo recibiste, ¿Por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" "¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?  Para su propio Señor está en pie, o cae". *1 Corintios 4:7; Romanos 14:4.

"Cualquiera que le diga [a su hermano]: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego".  En el Antiguo Testamento la palabra fatuo se usa para describir a un apóstata o al que se entregó a la iniquidad.  Dice Jesús que quienquiera que considere a su hermano como apóstata, o como despreciador de Dios, muestra que él mismo merece semejante condenación.

El mismo Cristo, cuando contendía con Satanás sobre el cuerpo de Moisés, "no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él".  Si lo hubiera hecho, le habría dado una ventaja a Satanás, porque las acusaciones son armas del diablo.  En las Sagradas Escrituras se lo llama "el acusador de nuestros hermanos". Jesús no empleó ninguno de los métodos de Satanás.  Le respondió con. las palabras: "El Señor te reprenda". *Judas 9; Apoc. 12:10.

Su ejemplo es para nosotros.  Cuando nos vemos en conflicto con los enemigos de Cristo, no debemos hablar con espíritu de desquite, ni deben nuestras palabras asemejarse a una acusación burlona.  El que vive como vocero de Dios no debe decir palabras que aun la Majestad de los cielos se negó a usar cuando contendía con Satanás.  Debemos dejar a Dios la obra de juzgar y condenar. DMJ

03. "SI VUESTRA JUSTICIA NO FUERE, MAYOR QUE LA DE LOS ESCRIBAS Y FARISEOS, NO ENTRARÉIS EN EL REINO DE LOS CIELOS." III. LA ESPIRITUALIDAD DE LA LEY (EL SERMÓN DEL MONTE/DMJ) EGW


Los escribas y los fariseos habían acusado de pecado no solamente a Cristo sino también a sus discípulos, porque no respetaban los ritos y las ceremonias rabínicas.  A menudo los discípulos se habían sentido perplejos y confusos ante la censura y la acusación de aquellos a quienes se habían acostumbrado a venerar como maestros religiosos. Mas Jesús desenmascaró ese engaño.  Declaró que la justicia, a la cual los fariseos daban tanta importancia, era inútil.  La nación judaica aseveraba ser el pueblo especial y leal que Dios favorecía; pero Cristo representó su religión Como privada de fe salvadora.  Todos sus asertos de piedad, sus ficciones y ceremonias de origen humano, y aun su jactancioso obediencia a los requerimientos exteriores de la ley, no lograban hacerlos santos.  No eran limpios de corazón, ni nobles ni parecidos a Cristo en carácter.

Una religión formalista no basta para poner el alma en armonía con Dios.  La ortodoxia rígida e inflexible de los fariseos, sin contrición, ni ternura ni amor, no era más que un tropiezo para los pecadores.  Se asemejaban ellos a sal que hubiera perdido su sabor; porque su influencia no tenía poder para proteger al mundo contra la corrupción.  La única fe verdadera es la que "obra por el amor" * Gálatas 5:6, para Purificar el alma.  Es como una levadura que transforma el carácter.

50 Los judíos debían haber aprendido todo esto de las enseñanzas de los profetas.  Siglos atrás, la súplica del alma por la justificación en Dios había hallado expresión y respuesta en las palabras del profeta Miqueas: "¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de: carneros, o de diez mil arroyos de aceite?. . . Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia y humillarte ante tu Dios". * Miq. 6:6-8.  

El profeta Oseas había señalado lo que constituye la esencia del farisaísmo, en las siguientes palabras: "Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí misma". * Oseas 10:1. En el servicio que profesaban prestar a Dios, los judíos trabajaban en realidad para sí mismos.  Su justicia era fruto de sus propios esfuerzos para observar la ley, conforme a sus propias ideas y para su propio bien egoísta.  Por lo tanto, no podía ser mejor que ellos.  En sus esfuerzos para hacerse santos, procuraban sacar cosa limpia de algo inmundo.  La ley de Dios es tan santa como él, tan perfecta como él.  Presenta a los hombres la justicia de Dios.  Es imposible que los seres humanos por sus propias fuerzas, observen esta ley; porque la naturaleza del hombre es depravada, deforme y enteramente distinta del carácter de Dios.  Las obras del corazón egoísta son "como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia". * Isaías 64:6.

Aunque la ley es santa, los judíos no podían alcanzar la justicia por sus propio esfuerzos para guardarla. Los discípulos de Cristo debían buscar una justicia diferente de la justicia de los fariseos, si querían entrar en el reino de los cielos.  Dios les ofreció, en su Hijo, la justicia perfecta de la ley. 

Si querían abrir sus corazones para recibir plenamente a Cristo, entonces la vida misma de Dios, su amor, moraría en ellos, transformándolos a su semejanza; así, por el don generoso, de Dios, poseerían la justicia exigida por la ley.  Pero los fariseos rechazaron a Cristo; "ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia", * Romanos 10:3.  no querían someterse a la justicia de Dios. 51
Jesús procedió entonces a mostrar a sus oyentes lo que significa observar los mandamientos de Dios, que son en sí mismos una reproducción del carácter de Cristo.  Porque en él, Dios se manifestaba diariamente ante ellos. DMJ